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EL C脕NCER Y LA ACTIVIDAD F脥SICA

07-02-2020
EL C脕NCER Y LA ACTIVIDAD F脥SICA

Todas nuestras propuestas de hábitos saludables basadas en una alimentación sana y una actividad física continua, como bien saben, están dirigidas a evitar o mejorar la calidad de vida de las personas que sufren algún síntoma relacionado con el sedentarismo, como son la obesidad, la hipertensión, la diabetes tipo II, las dislipemias, etc.

Y supongo que así lo  perciben todas las personas que leen habitualmente nuestros artículos del blog.

Ahora bien, no podemos dejar de lado la cada día mayor producción científica que relaciona la actividad física con una menor prevalencia de algunos tipos de cánceres, así como la mayor calidad de vida de los que lo sufren y una menor tasa de reincidencia de los mismos en los 5 años posteriores al conocimiento de esos tipos de cáncer.

La lista de cánceres que se ven afectados positivamente (menor frecuencia de aparición y mejor evolución) se va ampliando de día en día. Desde hace unos años se sabía que una actividad física moderada tenía una buena relación con los cánceres de mama y de colon, pero en los últimos tiempos se han sumado los de endometrio, riñón, hígado, mieloma y algún tipo de linfomas.

Parece ser que los porcentajes “antitumorales” de la actividad física no son demasiado elevados (descensos de entre un 10 y un 25%) pero ante esta patología tan extensa y agresiva, cualquier ayuda es buena.

Una de las preguntas más frecuentes es qué tipo de actividad física se debe realizar; es decir, cuál es la mejor dosis de ejercicio para disminuir la frecuencia de estos tumores. Pues precisamente es la propuesta de la ONU en la que se basan nuestros planes: un mínimo de 150 min semanales de actividad física moderada (andar a “buen ritmo” y hacer nuestras propuestas de fuerza).

¿Qué sucede si hacemos más actividad? Pues según varios estudios epidemiológicos internacionales, en algunos casos no se observa una relación directa entre mayor ejercicio y mejor efecto antitumoral, pero en otros sí. De cualquier manera, superar esa tasa mínima de 150 min semanales tiene efectos positivos sobre la salud general y sobre algunos tipos de cáncer y, sobre todo, no tiene efectos colaterales adversos.

Es decir, que incrementar la dosis de ejercicio semanal de una forma ordenada y progresiva afecta positivamente en nuestra salud, puede reducir aún más la formación de algunos tipos de cánceres y no tiene efectos colaterales negativos. Por lo tanto, vayamos poco a poco superando nuestros registros semanales.

¿Por qué el ejercicio tiene un efecto “antitumoral”? Pues no está claro todavía. Se apunta a que el ejercicio tiene un efecto antiinflamatorio global, gracias a la secreción de mioquinas –unas nuevas hormonas musculares- y que estimula nuestras defensas –especialmente algunos tipos de linfocitos-.

Estos efectos, lógicamente, son acumulativos. Es decir, lo importante para obtener el efecto “antitumoral” de la actividad física es que se integre a nuestro estilo de vida de forma permanente porque los “errores internos celulares” de nuestro organismo, que pueden degenerar en un cáncer, se producen a lo largo de toda la vida.

Dicho de otra manera, con 6 meses de buena alimentación y actividad física se puede perder peso, ganar músculo, sentirse mejor, etc. y seguro que también disfrutaremos del efecto protector ante el cáncer, pero la amenaza de los precursores de los cánceres –como de los síntomas del sedentarismo- son permanentes, por lo que nos exige incorporar los hábitos saludables a nuestro estilo de vida.

Es cierto que “cuesta” controlar la alimentación y hacer ejercicio físico, pero los “retornos” de este estilo de vida son enormes. Son nuestra mejor inversión de vida. ¡A por ello!

EL C脕NCER Y LA ACTIVIDAD F脥SICA

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